Querida Amiga:
Estuve pensando en escribirte desde que nos vimos esa tarde. Así que por fin decidí hacerlo.
Al vernos esa tarde surgieron en mí todos los recuerdos de la infancia que compartimos ¿La recuerdas?
¡Cómo disfrutábamos jugar cuando éramos chicas! ¡Cuántas cosas se nos ocurrían hacer! Cómo se nota que cuando uno es chico tiene una gran imaginación al pensar en su futuro. Porque nosotras imaginábamos tantas cosas que seríamos al crecer...
Lo que más recuerdo era que nos gustaba jugar a ser maestras porque claro, como mi mamá era la casera de la escuela y vivíamos dentro de la escuela era natural jugar a eso porque podíamos disfrutar de los salones con esos grandes pizarrones negros y algunas tizas que encontrábamos o que nos compraban.
Cuando uno es chico cree que ser maestra es tan sencillo, escribir en el pizarrón e imaginar que todos los chicos escriben y se portan bien y si alguno se portaba mal con ir a dirección se solucionaba todo. ¿Te das cuenta lo distinto que es eso de la realidad? Lo peor es que hay gente que cree que esto es así y que el trabajo de una maestra es así de simple. Si fuera simple hoy en día yo sería maestra. Pero no nací para ese trabajo...
Pero cuando uno es chico piensa en ser maestro y al otro día ser astronauta. Así de simple.
Por eso me alegro de haberte encontrado, para poder seguir compartiendo contigo nuestros bellos recuerdos de nuestra infancia.
Espero que puedas escribirme. Te mando muchos abrazos.
Tu amiga de la infancia
Carolina.